Las Ferias Medievales
Seguro que si no sois de pueblo, como un servidor, no sabréis que las ferias medievales, las típicas de las series americanas, existen en nuestro país.
Tal vez no sean tan bonitas y realistas como las de nuestros vecinos yankees, pero están ahí.
Yo diría que se asemejan más a un mercadillo “medieval”. Pongo medieval entre comillas porque lo más medieval que he visto ha sido la decoración.
Al pasar estos días por donde está el mercadillo, se me han venido a la cabeza las cosas que se pueden leer en los libros de fantasía medieval: odres de agua y vino aguado, hogazas de pan duro, cecina, queso duro, etc.
Cual ha sido mi sorpresa al adentrarme en su pequeño recorrido y me he dado cuenta de la realidad que se ocultaba tras una fachada de telas procedentes del medievo.
Aquello era un simple mercadillo perroflauta. Estaban los típicos haciendo malabares, los pantalones de hippie…Hasta había un perrete que olía a mojado. En realidad vendían lo que se supone que se vende en un mercadillo cualquiera, pulseritas, tejas decoradas, fiambre, miles de hierbas aromáticas y poco más.
Lo que más me ha sorprendido es que siendo mi pueblo más cercano a uno fantasma, por su poca actividad, el bullicio y los curiosos han dado, por unos días, actividad. Los bares estaban casi a pleno rendimiento, los jóvenes se divertían y yo lo observaba de paso. Si mi pueblo fuera así siempre, no huiría a Madrid tan a menudo.
Ojalá se queden para siempre los perroflautas.
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Me encantan los mercados medievales. Los malabaristas suelen ser niñatos muy sodomizables.
Me has hecho buscar en el diccionario perroflauta, bribón.
¿Realmente pensaste que esa palabra aparecería en la RAE?
Que anticuado, Pijus.
¡Grrrr!